martes, 23 de noviembre de 2010

Poesías


Poems 

Desde tiempo inmemorial la contemplación de las hormigas ha suscitado en el hombre reflexiones moralizantes, premoniciones y leyendas… La imagen de la hormiga, con infinidad de variaciones, se ha registrado ampliamente en la literatura, y ha sido motivo de evocación poética. Muestro a continuación algunos de los poemas, fábulas o pequeños relatos líricos que he ido reuniendo en los últimos años.



Saadi (poeta persa, 1213-1291)

EL RUISEÑOR Y LA HORMIGA

Miniatura persa


Entre los varios arbustos que adornaban un jardín fresco y delicioso, un ruiseñor escogió un rosal, cuyas flores eran todo su amor. Al pie de este arbusto había fijado una hormiga su reducida morada, la que proveía con diligencia para los días de escasez. Entretanto el ruiseñor no hacia más que dar vueltas día y noche por todos los ángulos de aquel bosquecillo, que incesantemente resonaba con sus más dulces tonos. 

La hormiga no desperdiciaba un momento de trabajo; mientras que este melodioso cantor, enajenado con sus mismas armonías, veía con el mayor abandono deslizarse el tiempo. Amante apasionado, contaba en secreto sus amores a la rosa, pero el viento de la mañana los reveló; y la hormiga andaba informada y era testigo de los arrumacos del ruiseñor y de las caricias de la rosa. «Pobres tontos, se decía a si misma, luego veremos el fruto que sacarán de todas estas fruslerías».
Bien pronto los venturosos días de la primavera hicieron lugar a los brumosos del otoño: ya la espina reemplazó a la rosa, y la monótona corneja ocupó el nido del cantor de la noche. El viento del otoño empezó a soplar y los árboles se despojaron de sus marchitas hojas; el esmaltado verdor tomó un color amarillento; haciéndose cada día mas punzante el frió, una lluvia de perlas se desgajó de las nubes, y el mas puro alcanfor, cernido por el cribo del aire, cubrió la tierra de una alfombra reluciente. Cuando el pobre ruiseñor voló al rosal, no reconoció ya el tierno encarnado de la rosa y en vano buscó el dulce aroma del jacinto.
Oprimido con el peso del dolor, su elocuente lengua no encontró ya sonidos con que expresarlo. Ya no había rosa que mimar, ningún risueño verdor en donde pudiese tomar sus recreos. En este estado de desamparo, sus fuerzas le abandonaron; en este momento de miseria, no se acordó ya de sus dulces cantos. Entonces se acordó de la hormiga que habitaba al pié de su rosal y que había hecho provisión de granos. «En este día de desgracia voy a volar a su puerta, y a favor de la proximidad de nuestras moradas y del derecho que da el titulo de vecino, le pediré un favor».
El pobrecillo, exhausto por el largo ayuno, tomó el vuelo hacia la hormiga, y en tono suplicante le dijo: «Buena vecina, ya sabes que la beneficencia es el patrimonio del rico y el capital del hombre feliz: mira cómo he consumido los instantes preciosos de mi vida, y he pasado los días y las noches en frívolos coloquios, mientras que tú, mas previsora que yo y sabiendo sacar provecho de ellos, has juntado un rico tesoro; ¿puedo esperar de tu generosidad que me concedas participar de él?».
La hormiga le contestó: «Mientras el vergel resonaba dia y noche con tus canciones, yo ocupaba el mismo tiempo trabajando. Enajenado sin cesar por la frescura de la rosa, ó seducido por los engañosos hechizos de la primavera, no has reflexionado, joven insensato, que a la primavera sigue el otoño, y que no hay ningún camino que no termine en el desierto».

Vosotros, los que acabáis de oír este cuento del ruiseñor, comparad vuestra conducta a la suya, y no olvidéis nunca que a la vida debe seguir la muerte, y que los vínculos más dulces están sujetos a los dolores de una cruel separación.


Saad el-Din Jabravi (s. XIII-XIV)
[Tomado de Idries Shah: Caravana de sueños, ed. Kairós 1998]


LAS HORMIGAS Y LA PLUMA

Una vez, una hormiga vagaba por una hoja de papel y vio una pluma escribiendo en finos trazos negros.
—¡Qué maravilloso es esto! —dijo la hormiga—. Esta cosa notable, con vida propia, haciendo garabatos sobre esta hermosa superficie, hasta tal punto y con tanta energía que se puede equiparar al esfuerzo conjunto de todas las hormigas en el mundo. ¡Y qué garabatos hace! Parecen hormigas, no una, sino millones, colocadas juntas.
Repitió su idea a otra hormiga, la cual estuvo igualmente interesada y alabó la capacidad de observación y reflexión de la primera hormiga.
Pero otra hormiga dijo:
—Beneficiándome de tus esfuerzos, debo admitirlo, he observado este extraño objeto, pero he determinado que él no es el origen de su trabajo. No te has dado cuenta que esta pluma está unida a otros objetos, que la rodean y dirigen. Éstos deben considerarse como la causa de los movimientos, y reconocerse como tales.
De este modo, las hormigas descubrieron los dedos.
Pasado un tiempo, otra hormiga escaló por los dedos y descubrió que formaban parte de una mano, la cual exploró minuciosamente, al estilo de las hormigas, escudriñándolo todo.
Al regresar junto a sus compañeras, exclamó:
—¡Hormigas! Tengo importantes noticias para vosotras. Esos objetos pequeños son partes de uno mayor, y éste es el que les da movimiento a todos.
Luego se descubrió que la mano estaba unida a un brazo, y el brazo a un cuerpo, y que había dos manos, y que existían pies que no escribían. Las investigaciones continúan. Respecto a los mecanismos de la escritura, las hormigas tienen una idea aproximada, pero el significado e intención de la escritura, y cómo se controla en última instancia, no lo descubrirán mediante sus métodos habituales de investigación: no son “instruidas”.


Fernán Pérez de Oliva (c 1494-1533)
Obras (1586)

ENIGMA DE LA HORMIGA

Cantemos los hechos y horrible figura
de una fiera por sabia estimada,
que sale a robar de su sepultura,
do viva primero yacía enterrada.
Imagen de muerte parece mirada,
trae los huesos de carne desnudos,
tiene seis manos de fuerza extremada,
y más en la boca dos garfios agudos.

                            ***
[Estrofas añadidas por Ambrosio de Morales (1513-1591)]

Cuando los campos pagan tributo
a quien en ellos las fuerzas emplea,
y el labrador con el nuevo fruto
el largo trabajo pasado recrea,
do pueda hacer sus hurtos seguros,
no le obstan paredes, ni fuerzas de muros,
ni grueso candado, por fuerte que sea.

Con estos sus hurtos mantiene la vida
que viene a acabar con áspera muerte,
cuando la forma primera perdida,
en ave que vuela se trueca y convierte.
Entonces las aves conciben muy fuerte
ira por ver la bestia volar,
y a furia la matan: así que su suerte
no fue venturosa en alas tomar.


Juan de Castellanos (1522-1607)
Elegías de varones ilustres de Indias (fragmento, 1589)

…No se ve por allí floja la mano
De la mayor edad ni mozo tierno,
Porque ya por la sierra, ya por llano,
O van ó vienen con hervor eterno,
Ansí como hormigas en verano
Buscando los sustentos del invierno:
Bajos y altos, rústicos, discretos,
A la justa labor están sujetos…


Lope de Vega (1562–1635)

SONETO

Subió atrevido miserable Enano
en una hormiga de su cuerpo Athlante
gloriosa de llevar su semejante:
tal puede en proporción el arte humano.

Sin espuela en el pie, rienda en la mano,
caminaba tan bravo y arrogante,
como pudiera el Cesar mas triunfante
en el aplauso del laurel Romano.

Corrió la hormiga, y dio con él en tierra,
y entonces dixo: Envidia , ¿qué te ríes ,
de una suerte caímos yo y Phaetonte?

Lydio, camina en paz, no me des guerra,
que es grande diferencia, aunque porfíes,
caer de hormiga y de celeste monte.


Francisco de Quevedo y Villegas (1580-1645)
Epicteto y Phocílides (fragmento, 1609–1635)

…Las hormigas que habitan en secretos
aposentos, dejando sus honduras
salen para buscar mantenimiento.
Cuando el agosto, desnudando el campo,
las eras viste con el rubio trigo,
ellas se cargan con perdidos granos;
unas detrás de otras hacen recuas,
y llevan su comida para el tiempo
que no puedan buscarla, y no se cansan;
gente chica, mas docta y ingeniosa,
pues saben esconder sus aposentos
de suerte del hibierno, que ni el agua
ni el diluvio mayor halla la puerta…
                        
                      ***
Poesías (fragmento, 1597-1645)

…Tan libre de pasiones enemigas
pasé mi juventud entre los mozos,
que me andaba a buscar los calabozos
de las pobres hormigas;
y viéndolas tan sabias, esperaba
que me habían de hablar si las hablaba...


John Milton (1608-1674)
El paraiso perdido (fragmento, 1667)

El insecto primero que se ha visto
Fue la hormiga prudente que previene
Lo futuro con sabia economía:
En su pequeño cuerpo bien descubre,
Vive un gran corazón, y pensar dexa,
Que en tribus populares congregada,
De la justa igualdad modelo un dia,
Su república, acaso, ser podría…


Pedro de Solís y Valenzuela (1624-1711)
El desierto prodigioso y prodigio del desierto (fragmento)

…Veréys aquí también de las hormigas
el etíope exército ordenado
Ir a buscar el mísero sustento,
Y, no hallando auríferas espigas,
Buelve, con vna arista que ha hallado,
Vna de ellas cargada, al aposento;
Otra con passo lento
Arrastrando a traydo
Vn caracol torcido;
Trae vna a cuestas vna seca hoja,
Y otra, tirando de ella, atrás se arroja;
Otras tres llevan vna pluma al nido,
Y otras riñen sobre un grano verde,
Y la que más puede a la otra arrastra y muerde…


Tomás de Yriarte (1750-1791)
Fábulas literarias (1782)

LA HORMIGA Y LA PULGA

Tienen algunos un gracioso modo
De aparentar que se lo saben todo;
Pues cuando oyen, ó ven cualquiera cosa,
Por mas nueva que sea y primorosa,
Muy trivial y muy fácil la suponen,
Y á tener que alabarla no se esponen.

Esta casta de gente
No se me ha de escapar, por vida mia,
Sin que lleve su fábula corriente,
Aunque gaste en hacerla todo un dia.

Á la Pulga la Hormiga referia
Lo mucho que se afana,
Y con qué industrias el sustento gana;
De qué suerte fabrica el hormiguero;
Cuál es la habitacion, cuál el granero;
Cómo el grano acarrea,
Repartiendo entre todas la tarea;
Con otras menudencias muy curiosas,
Que pudieran pasar por fabulosas,
Si diarias esperiencias
No las acreditasen de evidencias.

Á todas sus razones
Contestaba la Pulga, no diciendo
Mas que estas, ú otras tales espresiones:
"Pues yá; sí; se supone; bien; lo entiendo;
Ya. lo decia yo; sin duda; es claro;
Está visto; ¿tiene eso algo de raro?"

La Hormiga, que salió de sus casillas
Al oir estas vanas respuestillas,
Dijo á la Pulga: "Amiga, pues yo quiero
Que venga Usted conmigo al hormiguero.
Ya que con ese tono de maestra
Todo lo facilita y da por hecho,
Siquiera para muestra,
Ayúdenos en algo de provecho."

La Pulga, dando un brinco muy ligera,
Respondió con grandísimo desuello:
"¡Miren que friolera!
¿Y tanto piensas que me costaría?
Todo es ponerse á ello…
Pero… tengo que hacer… Hasta otro dia."


Joaquín Lorenzo Villanueva (1757-1837)

LA HORMIGA (romance)

Rastrojos y pegujares
En el rigor del estio
Iba una hormiga cruzando
A la rebusca del trigo:
Cuando con límpidas alas
Mirándose de improviso,
Echó á volar por los ayres
Con orgullo y regocijo.
Y hallando a una filomena
Que cantaba en un aliso:
¿Quién eres? le dixo. Soy
Un ligero pajarillo
Que por alegrar los campos
Con mi canto, dejo el nido.
Halla luego á una abejita
Chupando un verde tomillo:
¿Quién eres, dime, te ruego,
Y á do guias tu camino?
Volando de flor en flor,
Responde, con artificio
Para labrar los panales
Sácoles jugo y rocio.
Al oir esto la hormiga,
Sus blancas alas bendijo,
Y con la natura hablando,
Asi soltó su zumbido:
Gracias doy á tu largueza
Que me sacó de mi silo,
Librándome del afán
En que hasta ahora he vivido.
Ya no romperé calzadas
Por entre peñas y riscos,
Ni por ellas paja ó grano
Arrastraré á mi escondrijo.
Qué en la region de la luz,
Y entre arrayanes y mirtos
Con gilgueros moraré,
Con ruyseñores y mirlos.
¿Mas hay, preguntó á la abeja,
Algun riesgo en estos sitios?
Muchos y por todas partes,
Respondió! rigidos frios,
Bochornos y tempestades,
Y huracanes imprevistos:
Sin contar del gavilan
Las uñas y el corvo pico,
Ni de la emboscada araña
La red de mallados hilos.
¡Guarte! dijo la hormiguilla:
Y al decir esto, dio un brinco:
Mas confiada en sus alas,
Sin soltarlas fue á otro aprisco.
En tanto corrió ligero
El can que abrasa el estio,
Y en pos del templado Octubre
Llegó el Diciembre marchito,
Sobrevienen aguaceros,
Cierzos, yelos excesivos:
Falta el manjar, llega el hambre:
Volveré á mi covezuela,
La hormiga dando un suspiro:
Dijo en tono dolorido.
Mas ¡ay! hallóla cerrada,
Y aunque llamaba contino:
¿De donde vienes? que trahes?
Le dicen desde el asilo.
Vengo del ayre, responde,
Y alas me traygo con migo.
Alas? aqui no las hay,
Ni cabe, sino el que mijo
Trae, ó cebada, ó centeno;
Y el que no, no es admitido.
Desesperada la hormiga,
Bufando, perdido el tino,
Abominando del ayre,
Loando su rinconcillo:
Aora entiendo, exclamó,
Ser faláz la aura del siglo,
Qué quien la busca, no es sabio,
Pues ama su precipicio:
Qué es inquieta y mal.segura,
De lazos llena y garlitos,
De paz falta y de sosiego,
Por do es el libre cautivo.
¡O cuan dichosa es la cueva
Do busca el humilde abrigo,
Siempre estable y sin mudanza,
Y sin miedo de enemigos !
Do es sabrosa la hermandad,
Segura de agenos tiros,
Region de bienes vitales,
Lejos de estruendo y ruido.
Asi á la hormiga hizo cuerda
El llanto y dolor prolijo,
Mas no la sacó del riesgo
Su desengaño tardio.


José Joaquín Fernández de Lizardi (1776-1827)
Las noches tristes (1818)

LA TORTUGA Y LA HORMIGA

Una tortuga en un pozo
A una hormiga así decía:
"En este mezquino invierno
Di ¿qué comes, amiga?
Como trigo, la responde:
Como maíz y otras semillas,
De las que dejo en otoño
Mis bodegas bien provistas".
"¡Ay! ¡Dichosa tú! exclamaba
La tortuga muy fruncida:
¡Qué buena vida te pasas!
¡Oh quién fuera tu sobrina!
Y no yo ¡infeliz de mí!
Que en este pozo metida
Todo el año, apenas como
Una que otra sabandija".
¿Pero en todo el año qué haces?
Preguntaba la hormiguilla,
Y la tortuga responde:
Yo, la verdad, todo el día
Me estoy durmiendo en el fondo
De este pantano o sentina,
Y de cuando en cuando salgo
A asolearme la barriga.
Pues entonces no te quejes,
La hormiguilla respondía,
De las hambres que padeces,
Ni de tu suerte mezquina;
Porque es pena natural,
Y aun al hombre prevenida,
Que a aquel que en nada trabaja
La necesidad persiga.

                  ***
LA HORMIGA Y EL ELEFANTE

Que a un elefante fuerte
Un bravo león matase,
O algún tigre feroz despedazase,
Fácil es si se advierte;
Mas que se diera traza
De privar de la vida a tal bestiaza
Una débil hormiga,
Esto no se ha de creer aunque se diga;
Parecerá quimera,
Pero ello es que pasó de esta manera:
No sé si de pensado o de accidente,
Un elefante un día
A una infeliz hormiga pisaría,
Ello la lastimó muy gravemente;
La pobre se quejaba,
Y el elefante entonces la insultaba
Con picantes razones,
Diciéndola denuestos a millones;
Y fuese al fin dejando
A la infeliz hormiga renegando,
Y ofreciendo colérica y sangrienta
Vengarse de la bestia corpulenta,
La que solo reía
De cuanto el insectillo le decía;
Pero éste adolorido,
Lo siguió con paciencia,
Hasta que a su presencia
El elefante se acostó rendido
De un sueño tan profundo,
Cual si no hubiera hormigas en el mundo.
La trompa sin recelo
La desarruga, tiende por el suelo,
Y duerme alegremente.
Entonces la hormiguilla sutilmente
Por la nariz nerviosa
Corriendo se introduce
Hasta do la conduce
Su venganza cruel, y allí furiosa
Con su débil tenaza
Muerde, le aguija, hiere y despedaza
La ternilla sensible
De aquel monte animado tan temible,
Quien al sentirse herido,
Despierta, da un bramido,
Se levanta, desplega
La trompa y la refriega
Por do quiera que andaba.
Entre tanto, la hormiga no cesaba
De su intento primero,
De hacerle en la nariz un agujero.
Toda su fuerza aplica
Con un tesón constante
Contra el pobre elefante,
A quien hiere, maltrata y mortifica
Con ahínco tan cruel y desusado,
Que ya desesperado
El elefante triste,
A trompazos los árboles embiste;
Dándose golpes tales,
Que en breve tiempo se hizo dos canales
Por donde le salía
En arroyos la sangre; ni podía
Mas golpes sacudirse
El infeliz herido,
Y ya desfallecido
Hubo al fin a la muerte de rendirse.
Exangüe cayó al suelo.
Entonces la hormiguilla sin recelo
Salió de la nariz ensangrentada,
Y viéndose vengada,
Le decía: A ninguno
Debemos agraviar de modo alguno,
Y a los hombres en ti yo bien enseño,
Que ningún enemigo es tan pequeño
Como una hormiga coja,
Para tomar venganza si se enoja.


Correo Literario de Murcia, nº 285 (1795)
[Anónimo]

LA HORMIGA CON ALAS

Preguntele a mi abuela
que por qué se decía
por su mal le salieron
las alas a la hormiga,
y me dio la respuesta
con esta fabulilla.
Viendo cómo las aves
veloces discurrían
vagando por el aire
y envidiando esta dicha
la hormiga afanadora
a Júpiter decía:
“Gran Dios, ¿por qué me diste
tanto afán y codicia
si mi paso tardío
mi afán inutiliza?
Dame, dame alas,
porque veloz y activa
conduzca a mis graneros
el fruto de la espiga
juntando a poca costa
riquezas infinitas”.
Oyó el Dios y, al instante
en ave convertida,
saltó la hormiga al aire,
mas ¡ay¡ la golondrina
la arrebató ligera.
Y por esto en Castilla
se dice comúnmente
cuando un necio se obstina
en alzarse a mayores
sin ver cuánto peligra
quien sale de la esfera
para que Dios le cría:
por su mal le nacieron
las alas a la hormiga


Santos López Pelegrín (1801-1846)

LA HORMIGA

Al pie del tronco de robusta encina
que siglos cuenta de oprimir la tierra,
y el grito horrible de funesta guerra
tantas veces escuchó,
y sus hojas meneó,
y las hojas se cayeron,
y compasivas cubrieron
huesos y sangre vertida
de hombres que dieron la vida
por quién la muerte les dio.

Una hormiga
más feliz
su vivienda
tiene allí.

Y nadie le dicta leyes
ni tiene á nadie temor,
que en un puñado de tierra
vive la vida de amor.

No tiene orgullosas torres
con esculpido blason,
ni esos palacios de mármol
mentiras de la ambicion.

Pero tiene un hondo asilo,
que en la dura tierra abrió,
y allí deposita el grano
que previsora buscó.

No retumba en sus salones
del ronco trueno el fragor,
que en su animado sepulcro
vive la vida de amor.

Ni rudos los vientos baten
rejas que el moro labró,
que el viento bate la encina
pero su vivienda no.

Y cuando la nieve oprime
el palacio de un señor,
enjuta y libre la hormiga
vive la vida de amor.

Que allí la nieve colgada
entre las ramas quedó,
la nieve oprime la encina,
pero su vivienda no.

Y cuando yerto el soldado
vela en alto torreon,
caliente duerme la hormiga
en su ignorada mansion.

Y cuando hambriento y lloroso
pide el pobre compasión,
la hormiga come y se goza
en su ignorada mansion.

Cuando en la cárcel el hombre
lucha entre muerte y dolor,
gozosa y libre la hormiga
vive la vida de amor.

Que si el acero sangriento
brutal el hombre empuñó,
solo semillas de flores
sagaz la hormiga abrazó.

Y en vez de llevar la guerra
en alas de una opinion,
el grano lleva la hormiga
á su ignorada mansion.

Que si del bronce al estruendo
cobarde el hombre tembló,
de hojilla seca el crujido
solo la hormiga escuchó.

Que libre vive la hormiga
y vive vida de amor,
mientras el hombre oprimido
vive entre llanto y horror.

Encina, guarda la hormiga,
encina, guárdala, sí,
que guardas un sér precioso
modelo del.bien vivir.

Si tal vez llora una bella
sus penas cerca de tí,
humilla encina tus ramas,
levanta la voz y di:

«Una hormiga
mas feliz,
su vivienda
tiene aquí.»


Carlos de Beña
Fábulas políticas (1813)

LAS HORMIGAS

ERASE un hormiguero muy poblado
de industriosas Hormigas diligentes,
que en estío acopiaban con cuidado
semillas diferentes.
Más como es imposible hallarse iguales
de los que el mundo habitan las fortunas,
muchísimas había sin caudales,
ricas eran algunas.
Una vez sucedió, que guerra dura,
instigados del hambre, las hicieron
varios insectos, y ellas con bravura
sus choques recibieron.
Y como larga la contienda fuese,
preciso fue que todas se esforzaran,
y todas, cada qual como pudiese,
la guerra sustentaran;
Mas algunas ricotas, mal halladas
con esto dé arriesgar su pertenencia,
las leyes al propósito dictadas
miraban sin paciencia.
Por lo tanto escondieron sus caudales:
y las que su morada defendían,
perseguidas del hambre y otros males,
á cientos se morían.
Así los enemigos fácilmente
penetraron por todo el hormiguero
saqueándolo al fin impunemente;
sin dexar ni un granero;
Que nada libertar para el sustento
las ricas codiciosas alcanzaron,
y, vuelta la fortuna en un momento,
mendigas se encontraron.

Siempre el mísero egoísta
se hace a sí mismo la guerra,
como a los otros no asista.


Ramón de Pisón y Vargas
Fábulas originales en verso castellano (1819)

LA HORMIGA CON ALAS

Una Hormiga deslumbrada
por alas se desvivía;
las tuvo, y con osadía
se remontó acelerada.
Vióla un Vencejo, y se agrada
del insecto volador;
y por gozarle mejor
le dió en su buche clausura.
Quien se presenta en altura
se expone á riesgo mayor


Antonio de Trueba (1819-1889)
Fábulas de la educación (1850)

EL TOPO Y LAS HORMIGAS

Hacer un agujero
lograron tres hormigas
después de mil afanes,
mil idas y venidas.
Reunieron al punto
unas cuantas espigas
de trigo, y decidieron
pasar allí la vida,
de la paz y el retiro
gozando las delicias.
Pero como un adagio
muy verdadero afirma
que no duran un siglo
los males ni las dichas,
turbar aquella calma
quiso la suerte impía.
Un topo, que habitaba
cerca de las hormigas
y a quien trataban estas
no más que por política,
empezó a hozar el suelo
de su escondite un día;
y como que a los topos
los privó Dios de vista,
sin querer hacer daño,
con la intención más pía,
derribó la morada
de las pobres hormigas,
y en medio de la calle
las puso de patitas.

Hay muchos en el mundo
que a los topos imitan,
y son los ignorantes
que acaso sin malicia
ni gana de hacer daño,
al prójimo fastidian.


Concepción Arenal (1820-1893)
Fábulas en verso originales (1851)

EL GORRIÓN Y LA HORMIGA

Iba un día cierta hormiga
Del verano en lo más recio,
Sudando a más y mejor,
Camino de su granero.
Salió al paso y la detuvo
Un gorrión muy atento,
Haciendo una cortesía
Cual pudiera un palaciego.
Ella fría contestóle
Fundada, a lo que yo creo,
De previsora en la fama
Que goza en el mundo entero.
Se acercó el pájaro más
Y dijo en sumiso acento:
"Yo voy, señora, a pediros
Un favor de mucho precio,
Y a su valor será igual
Mi gratitud y respeto.
Único, hermoso, querido,
Muy joven un hijo tengo
Y quisiera educación
Darle mejor que me dieron.
Sé que debiera enseñarle
Yo mismo con el ejemplo,
Mas criéme en el desorden
Y reformarme no puedo.
Para corregir sus vicios
Halla poca fuerza un viejo,
Pero el rapaz no los tiene
Ni inveterados defectos;
Y al ver vuestra economía,
Vuestra exactitud y arreglo,
Y que, de previsión tanta,
Por fruto debido y cierto
Tenéis la misma abundancia
En Agosto que en Enero,
Mientras el hambre devora
A todos sus compañeros
Que a centenares perecen
Si es riguroso el invierno,
Comprenderá cuánto importa
Ser parco en el alimento.
Si quisieras enseñarle
Su apetito conteniendo,
Con un año de lecciones
Y acaso, acaso con menos,
Llegará tal vez a ser
Un gorrión de provecho.
En cuanto a los honorarios
No dudéis que será el premio
Proporcionado al servicio
Que yo más que nadie precio".
Quiso excusarse la hormiga
Con mil frívolos pretextos
Que el pájaro con razones
Echaba por tierra luego,
Hasta que al fin acosada
Díjole claro: "No quiero".
Impelido el gorrión
Por el cariño paterno,
Escuchando la repulsa
Irritóse hasta el extremo
De amenazar con la muerte
Al desventurado insecto.
Ella, al verle tan furioso,
Toda temblando de miedo,
Con tono humilde y contrito
Echóse a sus pies diciendo:
"¡Piedad, señor! Yo disfruto
La fama que no merezco;
Yo no guardo en el verano
Víveres para el invierno,
Que paso como dormida
En profundísimo sueño;
Y he aquí por qué los rigores
Nunca del hambre padezco".
Admiróse el gorrión
Del revelado secreto,
Y aunque le pareció ver
En su energía y acento
El aire de la verdad,
Quedóse un tanto perplejo;
Lo cual notado que fue
Por el afligido insecto
Dijo: "Si por el temor
Habéis creído que miento,
Un sabio naturalista
Que vive de aquí no lejos,
Decir puede sobre el caso
Lo que haya de falso o cierto”.
Parecióle al gorrión
Muy razonable aquel medio,
Y buscó al naturalista
Y hallóle, por dicha, luego.
Díjole en cuatro palabras
De educación su proyecto,
Las excusas de la hormiga,
Sus dudas y sus deseos.
El sabio le respondió:
"Dice verdad el insecto”.
"Pero, señor, todo el mundo
Piensa al revés”. "Ya lo creo.
Un hombre con ojos sanos
Ve más que un millón de ciegos.
Como juzgar quieren todos
Y el observar es molesto,
A salga lo que saliere,
Hora a diestro, hora a siniestro,
Al prójimo le atribuyen
Cualidades o defectos,
Deprimiendo la virtud
O quemando al vicio incienso.
Y este mal, que ya es antiguo,
Tiene difícil remedio
Si no adquieren propia voz
Los hombres que ahora son ecos”.
Despidióse el gorrión
Cabizbajo al oír esto,
Y cuando estuvo a sus solas
Dijo para su coleto:
"Así de prudente y grave
Fama se adquiere y provecho.
¡Así se juzgan las cosas!
¡Pues, señor, estamos frescos!
Según me ha dicho este hombre
Que parece hombre de seso,
En el mundo se equivoca
Lo blanco con lo que es negro.
Y si persisto en buscar
Mentor a mi rapazuelo
He de hallar muchas virtudes
Como ésta del hormiguero”.


José Borrás (compilador)


Verdaderos principios de la lengua castellana (1827)

EL GALLO Y LA HORMIGA

Un gallo se paseaba con sus pollos en un bosque,
y recogian de paso los granos que encontraban.
Viendo el gallo un hormiguero reunió á sus hijos
para decirles, ved ahí un tesoro: no temais, y comed
sin ceremonia estos insectos; una hormiga es un
bocado goloso para un polluelo: ¡que felices seriamos
si pudiesemos escapar del cuchillo del cocinero!
En verdad el hombre es bien cruel é injusto en destruirnos
para satisfacer su golosina. Una hormiga
que trepó á un arbol oyendo lo que discurria el
gallo, le dixo: Antes de tildar los defectos de otros
examine vm. su propia conciencia: vm, no deberia
por un solo almuerzo destruir un hormiguero.— Vemos
las faltas de los otros y estamos ciegos para
mirar las nuestras.


Fray Polipodio de Salamanca

LA NIÑA Y LA HORMIGA (1844)

En una famosa feria                                
Compró a Cesarea su madre
Una moña muy bonita
Que la costó veinte reales.
La Niña llena de gozo
Va a enseñársela a su padre, 
con ella dos mil brincos,
La saca en triunfo a la calle,
La pone hermosos vestidos,                            
Sombreros, flores y chales,                             
No sabe donde meterla
Para que no se la manche,
Y no la suelta un momento
Por mañana ni por tarde.
Pero como los chiquillos                                  
Nunca han sido muy constantes
Al otro día la deja
Cual un ente despreciable
Tirada por los rincones
De los patios y portales.
Una Hormiga, ya con canas, 
Matrona muy sabia y grave,
Al contemplar el estado
Tan triste y tan miserable
De aquel mueble que había sido
Objeto de obsequios tales
Que en el mundo de las moñas
Hizo un papel importante,
Cuenta la historia que dijo
Con muchísimo donaire:
“La misma suerte que tú
Han tenido: mil magnates,
Ayer ídolos del pueblo
Y hoy seres abominables
Despreciados y escupidos                                 
Por sus antiguos amantes.
Porque a los niños imitan                                  
Algunas veces los grandes,
Y tambien como ellos son
Caprichosos  y mudables”.


Arcadio Zúñiga y Tejeda (1858-1892)
Versos (1892)

LA HORMIGA Y EL LIRÓN

Sobre un cerro culminante
Quería el León un palacio
De mármol, oro, topacio,
Perla, esmeralda y diamante.

Los animales venían,
Desde distancias muy largas,
Trayendo pesadas cargas
De cuantas piedras tenían.

Unas eran ricas joyas,
Otras, preciosos metales,
Otras, toscos pedernales,
Y otras, barro de hacer ollas.

Una Hormiga subía diario,
Con trabajos infinitos,
Marmaja oropel, vidritos,
Y hasta cuentas de rosario.

Y un Lirón que un día estaba
Por donde pasó la Hormiga,
Dijo bostezando: Amiga,
Trabaja usted como esclava.

Juzgo su empeño rehacio,
Y al ver que tiempo no pierde,
No dudo que, cuando acuerde,
Acabe usted el palacio.

No, Señor (ella repuso),
Poco añadiré á la obra;
Pero voluntad me sobra
Y el trabajo; no rehuso.

Pues está usted en un yerro
(Dijo el Lirón á la Hormiga),
Porque por irás que me diga,
No podrá subir ni al cerro.

Y ella replica: Comprendo
Que en fuerza usted me aventaja;
Pero hace más quien trabaja,
Que el que se vive durmiendo.

Lector: En cuestión como ésta,
¿Valdrá más Lirón que Hormiga?

Ella siguió su fatiga
Y él siguió durmiendo siesta.

Yo lo supe todo, y luego
Seguir quise sin enfado
La obra en que han trabajado
Fedro, Iriarte y Samaniego.

Mi tarea es bien pesada,
Y de este refrán me valgo:
Un poco que se haga es algo,
Y algo vale más que nada.


Miguel de Unamuno (1864-1936)
Rosario de sonetos líricos (1911)

HIPOCRESÍA DE LA HORMIGA

Para hipócrita no hay como la hormiga
queriendo hacernos ver como trabaja,
viene y va, vuelve, torna, sube y baja
arrastrando á las veces una miga.

Afán de logro dicen que la hostiga
y que do quiera busca sacar raja
y que deja cantando entre la paja
á la cigarra y que se va á la espiga.

No hagas caso; la miga es la de antaño,
la misma siempre, no más que un achaque
para pasearse con el gesto huraño

del atareado que nos trae en jaque.
De aquel que sabes tal es el amaño:
no hace sino pasear con grave empaque.


José María Gabriel y Galán (1870-1906)
Nuevas Castellanas (1905).

LAS REPÚBLICAS (fragmento)

He admirado el hormiguero
cuando henchían su granero
las innúmeras hormigas.
He observado su tarea
bajo el fuego que caldea
la estación de las espigas.

Esquivando cien alturas
y salvando cien honduras,
las conduce hasta las eras
un sendero largo y hondo
que labraron desde el fondo
de las lóbregas paneras.

Y en hileras numerosas
paralelas, tortuosas,
van y vienen las hormigas...
La vereda es dura y larga,
pesadísima la carga
y axfisiantes las fatigas;

mas la activa muchedumbre
sobre el hálito de lumbre
que la tierra reverbera,
senda arriba y senda abajo,
se embriaga en el trabajo
que le colma la panera.

Son comunes los quehaceres,
son iguales los deberes,
los derechos son iguales,
armoniosa la energía,
generosa la porfía,
los amores fraternales.

Si rendida alguna obrera
por avara no subiera
con la carga la alta loma,
la hermanita más cercana,
con amor de buena hermana,
la mitad del peso toma.

Nadie huelga ni vocea,
nadie injuria ni guerrea,
nadie manda ni obedece,
nadie asalta el gran tesoro,
nadie encienta el grano de oro
que al tesoro pertenece...

He observado el hervidero
del innúmero hormiguero
en sus horas de fatigas...
Si en los ocios invernales
sus costumbres son iguales
¡son muy sabias las hormigas!


Yibrán Jalil Yibrán (1883-1931)
El loco (1918)

LAS TRES HORMIGAS

Tres hormigas se encontraron en la nariz de un hombre que estaba tendido, durmiendo al sol. Y después de saludarse cada hormiga a la manera y usanza de su propia tribu, se detuvieron allí, a conversar.

—Estas colinas y estas llanuras —dijo la primera hormiga— son las más áridas que he visto en mi vida; he buscado todo el día algún grano, y no he encontrado nada.

—Yo tampoco he encontrado nada —comentó la segunda hormiga— aunque he visitado todos los escondrijos. Esta es, supongo, la que llama mi gente la blanda tierra móvil donde no crece nada.

—Amigas mías —dijo la tercera hormiga, alzando la cabeza—, estamos paradas ahora en la nariz de la Suprema Hormiga, la poderosa e infinita Hormiga, cuyo cuerpo es tan grande que no podemos verlo, cuya sombra es tan vasta que no podemos abarcar, cuya voz es tan potente que no podemos oírla; y esta Hormiga es omnipresente.

Al terminar la tercera hormiga de decir esto, las otras dos se miraron, y rieron.
En ese momento el hombre se movió, y en su sueño alzó la mano para rascarse la nariz, y aplastó a las tres hormigas.



GRAFÍA JAPONESA (finales del siglo XIX)
Las palabras son siempre poéticas. Porque pueden decir una y muchas cosas, porque son históricas y cambiantes, porque reverberan de forma inesperada y misteriosa en el discurso y decurso humanos. Pero las palabras requieren fijación de signos, en la escritura o en el habla. En esta grafía japonesa de finales del siglo XIX, el artista ha representado varios signos de su alfabeto. Pero ha querido, con maestría, que los signos, más allá de cualquier imaginación poética, se conviertan ellos mismos en elementos vivos y movientes, en hormigas.

Grafía japonesa (finales del siglo XIX)



José Juan Tablada (1871-1945)

[DOS HAIKUS SOBRE HORMIGAS]

Hormigas sobre un
grillo inerte. Recuerdo
de Gulliver en Liliput.

              ***

Breve cortejo nupcial,
las hormigas arrastran
pétalos de azahar.


Ramón López Velarde (1888-1921)
Zozobra (1919)

HORMIGAS

A la cálida vida que trascurre canora
con garbo de mujer sin letras ni antifaces,
a la invicta belleza que salva y que enamora,
responde, en la embriaguez de la encantada hora,
un encono de hormigas en mis venas voraces.

Fustigan el desmán del perenne hormigueo
el pozo del silencio y el enjambre del ruido,
la harina rebanada como doble trofeo
en los fértiles bustos, el Infierno en que creo,
el estertor final y el preludio del nido.

Mas luego mis hormigas me negarán su abrazo
y han de huir de mis pobres y trabajados dedos
cual se olvida en la arena un gélido bagazo;
y tu boca, que es cifra de eróticos denuedos,
tu boca, que es mi rúbrica, mi manjar y mi adorno,
tu boca, en que la lengua vibra asomada al mundo
como réproba llama saliéndose de un horno,
en una turbia fecha de cierzo gemebundo
en que ronde la luna porque robarte quiera,
ha de oler a sudario y a hierba machacada,
a droga y a responso, a pabilo y a cera.

Antes de que deserten mis hormigas, Amada,
déjalas caminar camino de tu boca
a que apuren los viáticos del sanguinario fruto
que desde sarracenos oasis me provoca.

Antes de que tus labios mueran, para mi luto,
dámelos en el crítico umbral del cementerio
como perfume y pan y tósigo y cauterio.


Ramón Gómez de la Serna (1888-1963)
[DOS GREGUERÍAS]

Las hormigas llevan el paso apresurado como si las fuesen a cerrar la tienda.

¿Y si las hormigas fuesen ya los marcianos establecidos en la tierra?


Joan Salvat–Papasseit (1894-1924)

LES FORMIGUES
[Caligrama en una fachada del paseo del Born, Barcelona]

Camí de sol - per les rutes amigues - unes formigues




Juan Guzmán Cruchaga (1895-1979)

BALLET DE LA HORMIGA ROJA

—¿De dónde vienes, hormiga roja?
—De las Sierras del Olivar.
—¿Cómo llegaste? —En una hoja
que viene del monte y que va al mar.

Traía mi verde canoa
blanca harina de la ciudad
y una luciérnaga en la proa
en las noches de oscuridad.

—¿Por el río? —Si, por el río.
—Sola y tan joven... —Y es mejor
viajar así. Del viaje mío
se ocupará más de un autor.
—¿No había trigo en los graneros?
—Poco; la helada heló el trigal
y las llanuras y los oteros
y las rosas del rosedal.

—¿Eres buena y eres honrada?
—Como toda hormiga lo es.
Lo que a unos sobra no vale nada,
pero hace holgada
nuestra vida de la invernada
y nos sirve para después.

—Ven con nosotras a las eras.
Aun queda trigo, hermana, aquí;
y si te gustan las compañeras
te casarás con la que quieras
siempre que ella te quiera a ti.


Federico García Lorca (1898-1936)

LOS ENCUENTROS DE UN CARACOL AVENTURERO (fragmento, 1918)

…El pobre caracol
vuelve atrás. Ya en la senda
un silencio ondulado
mana de la alameda.
Con un grupo de hormigas
encarnadas se encuentra.
Van muy alborotadas,
arrastrando tras ellas
a otra hormiga que tiene
tronchadas las antenas.
El caracol exclama:
"Hormiguitas, paciencia.
¿Por qué así maltratáis
a vuestra compañera?
Contadme lo que ha hecho.
Yo juzgaré en conciencia.
Cuéntalo tú, hormiguita".

La hormiga, medio muerta,
dice muy tristemente:
"Yo he visto las estrellas."
"¿Qué son las estrellas?", dicen
las hormigas inquietas.
Y el caracol pregunta
pensativo: "¿Estrellas?"
"Sí —repite la hormiga—,
he visto las estrellas,
subí al árbol más alto
que tiene la alameda
y vi miles de ojos
dentro de mis tinieblas".
El caracol pregunta:
"¿Pero qué son las estrellas?"
"Son luces que llevamos
sobre nuestra cabeza".
"Nosotras no las vemos",
las hormigas comentan.
Y el caracol: "Mi vista
sólo alcanza a las hierbas."

Las hormigas exclaman
moviendo sus antenas:
"Te mataremos; eres
perezosa y perversa.
El trabajo es tu ley."

"Yo he visto a las estrellas",
dice la hormiga herida.
Y el caracol sentencia:
"Dejadla que se vaya.
seguid vuestras faenas.
Es fácil que muy pronto
ya rendida se muera".

Por el aire dulzón
ha cruzado una abeja.
La hormiga, agonizando,
huele la tarde inmensa,
y dice: "Es la que viene
a llevarme a una estrella".

Las demás hormiguitas
huyen al verla muerta…


Joaquín Romero Murube (1904-1969)

CANCIÓN DE HORMIGAS

Un grano de trigo,
veinte toneladas.
Con una ramilla,
comedor y cama.

Hormiga hormiguero.
Temblor en el suelo.

La señora hormiga
se va de paseo.
A todo el que encuentra
su abrazo y su beso.

Hormiga hormiguero.
Temblor en el suelo.

Flores, barro, paja,
trigo, leña, mieles.
Dentro de una aguja
grandes almacenes.

Hormiga hormiguero.
¿Se voló el tintero?

Pasaron los hombres
gigantes del cielo.
Cata, cataclismo
por los hormigueros.

Hormiga, hormiguita.
¿No tienes casita?


José Lezama Lima (1910-1976)
Fragmentos a su imán (1977)

LA ESCALERA Y LA HORMIGA

En la medianoche
la hormiga desciende por la escalera del hotel.
 Intenta seguir la prolongación de una linea recta.
 Se detiene a veces ¿qué laberintos resolverá?
 Pero cada escalón la detiene
de una manera que sorprende.
 Recorre el peldaño como buscando
 el bulto que su espalda necesita,
 después se precipita como cantando.
 Está desprovista de todo compromiso,
 pero de pronto encuentra un pedazo de ala
y corre para llegar a la casilla que desconocemos.
 Se regodea en cada escalón
y después desciende oronda al otro
y corre corno si estuviera en una playa.
 Tiene la alegría
de ser la dominadora de la escalera.
Sabe que su finalidad será lograda.
El zapato que puede mancillar
pasa muy cerca, pero le deja
un pedazo de hoja de tabaco,
un pétalo aburrido,
la sal que le calienta los ojos dominantes.
Señorea la escalera
y ha paseado cada peldaño
con la elegancia de una dama inglesa
que lleva la basura hasta la esquina,
a un latón verde
con la corona inglesa
raspada por los dos leopardos.


Carlos de Montero
República Zoológica, Reinos Vegetal y Mineral (c. 1914)

LA HORMIGA

Es digna de admirar por lo chiquita,
por lo honesta y lo muy trabajadora,
pequeño insecto que a la clase honora
aun no siendo vistosa ni bonita.

Activa, inteligente, se ejercita
todo el verano a fuer de previsora,
en surtir su despensa, y ni una hora
en todo el día a su trabajo quita.

De ella han tomado ejemplo ciertos entes,
no para trabajar como Dios manda,
sino para llevarse diligentes

A su casa hasta el bombo de la banda
aun sin ser en tocarlo competentes,
porque su afán de pesca lo demanda.


Gloria Fuertes (1918-1998)
Historia de Gloria: amor, humor y desamor (1980)

ANTIGUO EJERCICIO DE REDACCIÓN DE GLORITA

Existe un hormiguero
que tiene cinco mil millones de hormigas.
Este hormiguero se llama Tierra
y sus hormigas se llaman personas.
Muchos de estos seres
no son hormigas,
—y lo que es peor—
­no son personas.
En el hormiguero,
la mitad de las hormigas trabajan
y comen mal,
para que la otra mitad no trabaje
y lo pase bien.

(Me dieron un diez.)


Marilina Rébora (1919-1999)
No me llames poeta (2001)

LA HORMIGA

Sin saber que es domingo, ruidoso día de fiesta,
va llevando su carga la minúscula hormiga:
el trozo de una hoja en perfilada cresta
columpiase oscilante sin impedir que siga.

Apenas se apresura, que caminar le cuesta,
y se esfuerza consciente pues el deber la obliga,
prosiguiendo el sendero, pese a tal lastre, enhiesta,
pero sin detenerse ni demostrar fatiga.

¿Cómo sigue su rumbo el portentoso insecto,
conociendo infalible la dirección que toma?
¿Qué indicios lo conducen por previsto trayecto
y alcanzar sin perderse el lugar donde vive?
¿Será acaso la brisa? ¿O tal vez el aroma?
¿Quizá la propia tierra por su altura o declive?
¿Cuál será la conciencia de un obrar tan perfecto?


Gabino-Alejandro Carriedo (1923-1981)
Los animales vivos (1951)

LAS HORMIGAS

Las veinte voces sabias de los sabios
con las hormigas se pasean,
con las hormigas se levantan,
con las hormigas perseveran.
Hacen su cama con la hormiga madre,
comen su postre con la hormiga reina,
siegan su alfalfa con la hormiga lista,
hablan de amores con la hormiga hembra.
Las veinte voces justas de los sabios
con los granos de trigo se alimentan.
Van al trabajo con el sol que sale,
vuelven cargadas y cansadas, llenas,
con un saco de cosas a la espalda,
con una economía en la cabeza
las veinte voces sabias de los sabios
que dentro de sus cuerpos hormiguean.
Van al festejo con la hormiga rica,
con las hormigas pobres a la huelga,
con las hormigas fuertes al peligro
donde hay hombres que pasan por la senda
y no miran detrás que van dejando
cientos de hormigas muertas.
Las veinte voces de los sabios justos
andan de prisa con las piernas negras
y con sus alfileres cavan hoyos
a la entrada en la tierra de las puertas.


Carlos Castro Saavedra (1924-1989)

LAS HORMIGAS

Entran y salen las hormigas
por los huecos del mundo,
como cintas oscuras, como cuerdas
de una guitarra roja y derramada.
Fiesta de las hormigas es la caña,
la calavera de las yeguas,
la muerte que en el suelo se madura
y las madres que duermen desnudas y abandonan
sus racimos de leche.


Alfredo Veirave (1928-1991)

HORMIGAS

Delicadamente transportan grandes piedras para
las pirámides de los faraones
apenas se tocan desde lejos
con las antenas versátiles
tristemente ignoran el sentimiento de los
amantes separados en los aeropuertos
y tampoco nada sintieron dentro del hormiguero
cuando la noticia de la muerte de Chaplin
recorrió el mundo en su silla de ruedas.
Según los especialistas de ciencias naturales
toda esa soledad de las hormigas no se siente
simplemente
porque no se acoplan porque sus huevos
son fórmulas del anonimato,
y porque de la lluvia sólo sienten sustancias líquidas
no sus nostalgias y eso
les impide silbar un viejo bolero de Armando Manzanero.


Pío E. Serrano (1941-)

 LAS HORMIGAS

Imperceptiblemente vienen a mudarlo todo,
las hormigas. Recogen los fulgores y las sombras,
el olvidado gesto, los fragmentos de un sueño.
Silenciosas obreras de la transfiguración, las hormigas,
calladas manos que lentamente nos desnudan,
su trasiego de formas enriquece un misterio
que nos está vedado. Continuamente realiza
 la hormiga su sosegada siega. Precisa, como una reflexión,
 la hormiga no olvida nada. Todo le incumbe.
No se detiene nunca. Como la muerte,
 cotidianamente nos revela un vacío,
 borra terca las evidencias del ojo.
Con su laborioso acarreo acrecienta, impasible,
esta desabrigada soledad, este mudo abandono, la hormiga.


Leonor Vila

VALS DE LA HORMIGA (2001)

Yo soy la hormiga, miga que veo,
la como con pan,
le pongo sal, me gusta más.

Yo soy la hormiga, hoja que miro,
la llevo conmigo,
porque quizás, el frío vendrá.

Yo soy la hormiga, con mis amigas,
trabajo y juego todos los días,
junto las hojas que Don otoño,
tira que tira, todos los días.


Joaquín Antonio Peñaloza (?-2003)
Ejercicios para las bestezuelas de Dios (1951)

CONSIDERACIÓN DE LAS HORMIGAS PARA ALCANZAR AMOR

Quisiera preguntarte, Dios, por qué me hiciste hormiga:
Pequeña, negra y fea, siendo tu hija.
¿por qué se asusta el niño de vernos en su mesa?
¿por qué nos pisa el hombre untándonos en tierra?
¿y por qué a ratos pienso que me hiciste inservible,
ni tuve el oro del león ni la plata del cisne?
¡Cómo pesa la carga de un pétalo de rosa!
¡Qué lejos el camino de ramas a corolas!
¡Si fuéramos tan altas como son las palomas!
¡Qué grandes son los niños!
¡Qué huracán, el suspiro!
¡Y qué sombra da el trigo!
Señor, si fuéramos esbeltas como las palmeras,
acaso viéramos igual de lejos tus estrellas.
Pero Tú me creaste en los últimos segundos de los Siete Días.
¡Pero tenemos vida!
Vivimos en el polvo, y estamos ya contentas:
caminamos tus huellas,
sabemos el color de cada arena.
Y ya no te pregunto por qué me hiciste pequeña y fea.


Alfonso Castro Pallares
Este barro glorioso (1972)

LETANÍA DE LAS HORMIGAS

¡Pequeños paquidermos relucientes!
¡Santas acémilas de carga!
¡Ferrocarril de bienaventuranzas!
¡Sumisas bestezuelas proletarias!
¡Caravana doliente!


José Emilio Pacheco
Tarde o temprano (2000)

HORMIGAS

Las hormigas van y vienen por el sendero bajo la hierba, con sus inmensas cargas solidarias, su disciplina ciega, su voluntad cons­tructora, no se preguntan para qué han nacido, cuál es el objeto de sus afanes, qué justifica su fatiga, son libres, no tienen yo, carecen de ambiciones individuales, no les importa el paso del tiempo, saben que están aquí porque siempre hubo hormigas y deben continuar su camino contra el veneno y contra el pisoteo, para que este planeta no se vuelva otro lugar desierto y sin hormigas.


Laura Devetach y Juan Lima
La hormiga que canta (ed. del Eclipse, 2004)

POEMA VISUAL

Con el lápiz de las patas/con su pétalo/su mástil/las hormigas hacen mapas./Viene el viento/se los barre./Viene el agua/se los borra./Chimichurri Chimichurri/cantan cantan/quémeimporta quémeimporta/cantan cantan/pata con pata con pata/una tras otra/desparramadas despatarradas/cantan y cantan…


José Corredor-Matheos (1929-)
[Revista Litoral, nº especial “Animalia” , 2005]

[Sin título]

Cuando ves una hormiga
en el camino
procuras no pisarla.
Si acaso la mataras,
por descuido,
habría de menguar
el universo…
Llega hasta ti el perfume
del romero y la adelfa,
de la dama de noche.
Hormigas y perfumes
se convierten de pronto
en tu horizonte.
La tierra al fin abierta,
los arbustos tronchados,
las raíces al aire,
la verdad descubierta.
Seguirás tu camino
y encontrarás más cosas,
seres vivos,
una presencia
sólo adivinada,
que no han de aparecer
ya en el poema.


Osvaldo Picardo (1955-)
Mar del Plata (2005)

X

Nada más intrascendente que una hormiga.
Leo. Y esa clase de intrascendencia –pienso–
heredará, algún día, la tierra.

Sus antepasados lograron el vuelo
pero se fueron aceptando esclavas
convencidas de su lugar en el mundo.

Un orgullo secreto las revela hermanas
simplemente por la memoria
de un olor al momento de nacer.

Contra todas ellas, las negras, las obreras,
las coloradas, las voladoras,
se levantó la Villa Victoria Ocampo.

Sombra veraniega de San Isidro,
que trajeron, a pedazos, desde Inglaterra,
seguramente llenos de trascendencia.

De aquellas batallas de verano, antes de las lluvias,
contra las hormigas,
no quedan registros epistolares ni diarios íntimos.

Sólo la convicción subterránea
de que serán las que sobrevivan
y el resto, silencio.


Jorge Cadavid (1962-)
[Revista Litoral, nº especial “Animalia” , 2005]

FÁBULA

Las hormigas han hecho camino
por entre las letras.
Oigo su marcha segura
por los renglones.
Cada una carga su sílaba
y la deposita en el espacio
vacío de la página.
No entiendo qué hace aquella solitaria
lejos del camino
con una palabra diez veces
más grande que ella
sobre su espalda.


Claudia Sastre (1965-)
Fáunicas

LA HORMIGA POETA

Yo no soy el gusano vencedor
yo soy la hormiga,
aquella que se llevó el último
descendiente de los Buendía.
No hay dinastía que nos detenga
que nos resista.
Mi autora lo sabe,
ella, algún día
será primero gusano,
 después, hormiga,
 irá al infierno de los humanos
y a la semilla,
después irá a la fruta
y a las hormigas.
Será tu último verso, poeta
serás poesía.
Un agujero en la tierra
y otra semilla.
Yo no soy el gusano vencedor
de la tragedia
yo soy la hormiga,
que se come al poeta,
soy la poesía.


Pascual Gaviria (1972-)
[Revista Litoral, nº especial “Animalia” , 2005]

HORMIGAS

Al final de la larga hilera
cargada de verde
en la pequeña hoja se dibuja
el armazón de un barco.
Los trozos que ya han sido cortados
y por cuya ausencia
el esqueleto del casco adquirió forma,
serán las futuras velas;
disfrutarán ahora del viento
de manera diferente.
Jamás olvidarán su ocioso
e incierto vaivén en la delgada rama.
Viajarán cansadas para siempre
sobre y bajo el extraño azul.


Nelson Romero Guzmán
Grafías del insecto (2005)

DISCURSO DE LAS HORMIGAS

Todo consiste en llevar mamotretos
de hojas verdes para hacer la Casa,
como tú llevas a diario en tu cabeza
 mamotretos de hojas muertas
para hacer el Libro.
Ustedes son víctimas del pensamiento,
de colección de paraísos, y borran.
Nosotras no borramos la casa,
no le corregimos el cielo a la ventana
ni copiamos a un tal Kafka.
Por dentro llevamos la luz del camino
cuando vamos al mirto o al sauce.
Somos un texto sin escritura, y día y noche
trabajamos
en nuestra obra.
Pero ustedes hacen del trabajo
la guarida del lobo.
Nosotras leemos el sentimiento del bosque,
la mirada del musgo, la angustia del agua
reflejando el cielo.
Ustedes escriben por una pérdida de instinto
y a esa carencia llaman intuición.
Además tienen en su contra o a su favor los
críticos,
la teorética, las estructuras, los Barthes
y los Chomskis.
Nosotras, por carecer de esa sobreabundancia,
no sufrimos el tormento
y escribir es ser hormigas.

Si entre nosotras alguna crítica existe,
será el espejo del rocío, donde moran nuestras
maravillas.

                                 ***
Las palabras pierden su orientación de cielo
cuando ven a una hormiga trabajar.
Huyen antes de ser devoradas
por nuestros Negros Tomos.

                                ***
Leemos para edificar el ala.
Leemos detrás de una ventanilla que Naturaleza
nos prodigó
debajo del nacimiento de las branquias.
Para nosotras no existe el órgano del aburrimiento,
eso que ustedes llaman el Paraíso Perdido.


Javier Ocampo López
Folclor, costumbres y tradiciones colombianas‎ (2006)

COPLA SANTANDEREANA

Si quieres estar alegre
Y tomar la vida en broma
Métase sus aguardientes
Y coma hormiga culona.

Un viejo santandereano
tan felino como el gato
se comía sus culoncítas
para así pasar el rato.

Cuando paso por tu casa
yo me encaramo en la loma
para mirarte tu cuerpo
como la hormiga culona.


Olmo Hernández Cuba (2008)
[Sin título]

Vosotras, conocedoras de los caminos
que a sol y sombra
trabajáis, por las hermanas
que mañana harán lo mismo
pero no amáis
pues sólo sois insectos
y os privamos de pasiones
por vuestro simple intelecto;
no dijo aquél:
siente el pensamiento,
piensa el sentimiento
mas no buscamos
sino con el número
para echar en falta
lo que no se mide,
lo que no encontramos,
para al ver vuestras ciudades
asombrarnos, de que seais hormigas,
aunque igualemos la barbarie
de vuestras guerras:
somos humanos, y sois hormigas.


Kepa Murua
No es nada (2008)

AL ENCUENTRO DE LAS HORMIGAS

Mas tarde recordé que tenía la fuerza
de un dios en mis brazos
y la mirada perdida en mis ojos.

Podía levantar la ciudad
meter en los bolsillos
de mi abrigo, las plazas y sus calles.

Podía arrastrar a sus habitantes
y llevarlos como si nada
al encuentro de las hormigas.

Podía golpear la ciudad
como se sacude una alfombra
en la palma de mi mano.

Tenía la fe de un loco
al que no le importa
que le consideren un payaso.

Tenía la paciencia
y la incertidumbre iluminada
del clochard y del mendigo.

Pero no podía con el mundo.
Era tanto el deseo
que no quise romper nada.



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