viernes, 3 de diciembre de 2010

Las hormigas de la montaña de Bellmunt

The ants of Bellmunt mountain

Me dirigía a la Biblioteca Nacional de Madrid con no poca curiosidad. Había localizado días atrás un opúsculo de hermoso título: Siete maravillas raras del principado de Cataluña. La tercera de aquellas maravillas eran “Las hormigas de la montaña de Belmont”.

Tras larga espera me entregaron un librito minúsculo de 1745 escrito por Serra y Postius, un erudito y académico catalán autor de obras históricas y estudioso de los ángeles. El relato era muy interesante. En la montaña de Bellmunt, a 1246 metros de altitud, había una ermita con una Virgen (ahora Santuario de Bellmunt, en San Pedro de Torelló, Barcelona) a la que todos los años, según la leyenda, acudían grandes nubes de hormigas aladas en torno al día de la Ascensión de María Santísima (en la segunda quincena de agosto). Las hormigas inundaban el interior de la ermita y cubrían la imagen de la Virgen.

Postius viajó a Bellmunt en 1710. El ermitaño que cuidaba de aquel sitio le confirmó, punto por punto, la realidad de la leyenda. Dos años después, en 1712, volvió a aquella montaña y pudo presenciar personalmente el asombroso espectáculo de los enjambres de hormigas aladas volando hacia la ermita. Cuenta el erudito catalán que a aquella Virgen la llamaron “Virgen de las Aladas”, denominación que perdura hoy en día: Mare de Déu de les Alades.

Transcribo a continuación el texto que copié a mano en la Biblioteca Nacional de Madrid.

Santuario de Bellmunt (fotografía de Carme Roura)

Serra y Postius, Pedro (1671-1748)
Siete maravillas raras del principado de Cataluña (1745)

LAS HORMIGAS DE LA MONTAÑA DE BELLMUNT
En lo más elevado de una inaccesible Montaña, en el Término de San Pedro de Torelló, Obispado de Vique, hay un devoto Santuario, donde es venerada una hermosísima Imagen de la Reyna del Cielo, con título de Nuestra Señora de Bellmunt; así llamada por tener este nombre aquella Montaña, en cuya eminencia en siglos atrás fue hallada; crehese por medio de unas Hormigas grandes. Es de fino mármol, y está sentada en un trono de la misma materia, pequeñita de algo más de un palmo de alto, teniendo el Niño Jesús encima de la rodilla izquierda; siendo entrambos tan hermosos, que como a divino imán atraen, y se quedan con el corazón de los que devotamente los miran.
Hallado aquel precioso thesoro, le fabricaron los de Torelló, famosa Villa sita al pie de la Montaña, devota Capilla; no en el pueblo donde la encontraron, por ser áspero, y no a propósito para fabricarla; sino en otro lugar a cosa de doscientos pasos distantes, en la eminencia de la misma Montaña; y en donde la hallaron hizieron un pequeño Oratorio, que aún permanece donde está otra imagen de María Santísima de madera, para recuerdo de su invención prodigiosa. También fabricaron buena habitación par un Ermitaño, que sirve a Nuestra Señora, y un capás hospicio, para los Devotos, y Peregrinos que suben a visitarla.
En este, pues, Sagrado Santuario, ostenta el Cielo en obsequio de su Reyna, una anual maravilla: y es, que todos los años, sin faltar alguno, acuden a visitar a la Virgen, de las partes que Dios sabe, un número sin número de Hormigas grandes, de las que buelan, que en Cataluña llamamos Aladas. Ocho, u quinze días antes de la Asumpción gloriosa de la Virgen, empiezan a venir a visitarla, y esto con un modo tan particular, y maravilloso, que es para alabar a Dios, y a su Madre Santísima, porque subiendo por diferentes partes de la Montaña, primeramente acuden al Oratorio mencionado, donde parece que van a prestar vasallaje: y de allí, directamente se encaminan a la Capilla, y si algunas hallan la puerta cerrada suben por las paredes, entran por los agujeros, y no paran, hasta hallarse dentro, de donde no quieren salir, aunque estén las puertas abiertas, y allí sacrifican la vida a la Madre del que las crió! Y si encaminándose a la Capilla muere alguna, la cogen las que primero la encuentran, y la traen a ella para que no falten a visitarla aunque muertas, ya que no pudieron lograrlo vivas. De esto se exceptan algunas, que muriendo en aquel lugar Sagrado, se quedan allí sin tocarlas las demás. Y se realza más esta maravilla, si atendemos a lo que escriben los Naturalistas, y entre ellos Plinio libro II. Cap. 30, y es que entre todos los Animales, solo el Hombre, y la Hormiga, entierran los de su especie.
Tienen también observado, que en el tiempo que acuden, jamás se ha visto que mientras se celebra el Santo Sacrificio de la Misa en el Altar de Nuestra Señora, haya caído alguna sobre la Mesa: siendo así, que el Retablo, y techo están llenas de ellas; y que sacan de la Mesa algunas ya muertas, antes de celebrar.
Se miran, y admiran allí estas maravilla hasta diez, o doze días después de la Natividad de María Santísima, y pasado este tiempo, en todo el discurso de el año, no se ve Alada alguna, en toda aquella montaña.
Casi todo lo que se ha escrito, lo trae el D. Fr. Narciso Camós, en su Jardín de María, plantado en Cataluña, lib. 7 cap. 10. Y hazen también mención de estas Maravilla el Doctor Onofre Manascal, en su Sermón Histórico, fol. 74. Francisco Martoel, y de Luna, Historia de la Ciudad de Tortosa, lib. 2. cap. 24. Un historiador moderno, y otros.
En el mes de Junio del año 1710, visité este Santuario de la Virgen, quedé tan prendado de su hermosura, que no encuentro palabras para explicarlo. Me informé del Ermitaño que servía aquella Celestial Reyna acerca de las maravillas referidas, y me confirmó todo lo que tengo escrito; y me mostró algunas Aladas muertas en el año antecedente. Fuimos al Oratorio, y vi la Imagen de la Virgen que allí estaba, tan mal tratada, que causaba compasión verla: Faltávale gran parte de la cabeza, carecía de un brazo, y aún parte del cuerpo. Jesús (exclamé) que ha sido esto Ermitaño? Señor (respondió) esto lo ha hecho un rayo. Prometí llevármela, o remitirle otra desde Barcelona; lo que mi tibia devoción cumplió, en el año 1712 a los últimos de Agosto. Así que llegué al Santuario, con dos amigos de la Ciudadad de Vique, al querer entrar a la Capilla vimos salir de ella, al mismo Ermitaño que servía a la Virgen en el año 1710 con una espuerta llena de Hormigas, o Aladas muertas, para echarlas, como las echó cuesta abajo. Y es digno de reparo, que aunque haya muchas de ellas muertas en la Capilla, y estén allí algunos días, y siendo en lo más ardiente del estío, no arrojan mal olor, lo que se atribuye a particular prodigio de la Virgen, de lo que no hazen mención alguna los Autores citados, pero sí unos Gozos, o Coblas impresas, que delante la Santa Imagen se cantan, siendo una de ellas la siguiente:

Lo venír tantas Aladas
A aquest Sant lloch visitar,
Quiscun any acudrilladas,
Cosa es digna de notar;
Ahont llur vida acabada,
Se fa de ellas un gran munt;
Sens llansar mala brevada;
Verge Santa de Bellmunt.

Alegrose el Ermitaño al verme, y mucho más al oírme le trahía la nueva Imagen de Nuestra Señora, que dos años antes la avía prometido.
Entramos a hazer Oración a la Virgen, y vimos por tierra, paredes, y techos muchas Aladas. Dispuso aquella gran Reyna, que el día siguiente, muy de mañana, subiese de la Villa de Torelló un Sacerdote, quien nos dixo Misa, y acabada, yendo nosotros delante (mis dos amigos, el Hermitaño, y yo) con cirios encendidos, y contando la Letanía de Nuestra Señora. Por el camino encontramos no pocas Hormigas, que se encaminaban a donde nostros acabávamos de salir. Y al llegar al lugar Santo vimos todo el Oratorio por dentro, y fuera, lleno de Aladas, y después de haber colocado en él la nueva Imagen de María Santísima, mirando cuesta abajo, vimos una multitud grande de Hormigas, que aceleradamente, y en derechura subían al Oratorio; y reparamos también, que otras que ya habían estado en él, se encaminaban a la Iglesia, o Capilla de la Virgen, para morir en su Celestial presencia, como hemos arriba referido. La alegría que concebimos al ver tantas maravillas es inexplicable, alabando todos a Dios, por la que allí esta obrando, en alegría de su Santísima Madre.

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