sábado, 5 de enero de 2019

Obreras de Tapinoma nigerrimum siguiendo senderos

Workers of Tapinoma nigerrimum following trails

He comentado en otras entradas de este blog la extraordinaria capacidad expansiva de Tapinoma nigerrimum, cuyas obreras van colonizando extensas áreas a medida que localizan nuevas fuentes de alimento, estableciendo aquí y allá numerosos nidos  conectados mediante una tupida red de pistas activas a lo largo de la primavera y el verano. Entre las particularísimas adaptaciones de esta especie está el llamado taponamiento de nido, por el cual colman de piedras y granos de tierra las entradas de nidos ajenos para evitar la salida de sus habitantes.
Contemplando los transitados senderos permanentes, no dejaba de asombrarme la rapidez de las obreras, cuya velocidad oscilaba entre los 3 y los 8 cm por segundo, dependiendo de la temperatura ambiente, de si iban o no cargadas, y del tamaño de las obreras (entre 2.5 y 4.5 mm de longitud).
En el siguiente video, filmado en verano en un parque de mi barrio de Moratalaz, Madrid, puede verse uno de estos senderos activos:


La curiosidad me llevó a filmarlos a cámara lenta, exactamente a 600 fotogramas por segundo. Una primera observación interesante fue que las obreras, a alta temperatura y velocidad, no se limitaban a mantener el eje longitudinal de su cuerpo paralelo al sustrato. Regularmente daban una amplia zancada y elevaban la cabeza y el tórax hasta formar un ángulo de 20º con el suelo, momento en que volvían a bajar inclinándose hacia delante hasta alcanzar el plano horizontal, y así una y otra vez, alternando ambas posiciones.


Aquí, la escena en movimiento:


Pero lo que más llamó mi atención fueron los repetidos contactos antenales realizados por las obreras contra el suelo en sus trepidantes carreras. No se trataba de un simple rozamiento más o menos al azar, sino de un sistemático anclaje de la punta de la antena sobre el sustrato, comportamiento que iba asociado a un leve giro lateral de la cabeza.


En dichos anclajes, que duraban entre 7 y 15 milésimas de segundo, la parte anterior de la antena se iba doblando hacia delante, sin soltarse, a medida que la obrera avanzaba. Llegado un punto, la inercia del cuerpo conseguía desprender la antena, que quedaba al aire:


Analizando algunas filmaciones cabía estimar que una sola antena podía realizar, por metro recorrido, unos 300 anclajes antenales. Inmediatamente me planteé una extraña hipótesis: ¿podrían tener las antenas, en esta especie, una función locomotora además de la evidente función olfatoria? No era completamente descabellado. Podrían servir al mantenimiento del equilibrio en las veloces marchas sobre los senderos permanentes, marchas que constituyen una de las claves exitosas de estas hormigas. Sea como fuere, procedí a preparar y montar antenas para su inspección al microscopio. Quería ver qué había en el extremo del último segmento antenal.


Las estructuras cuticulares con capacidad sensorial, las llamadas sensilas, son abundantes en las antenas de la familia Formicidae. Pude observar, en otras preparaciones, las sensilas internas -coelocónicas y ampuláceas- cuyo único indicio externo es un poro sobre la superficie antenal. En la imagen anterior se aprecian diversas sensilas externas: las abundantes sensilas tricoideas curvadas (tipo 1 y 2) y las gruesas sensilas basicónicas, perpendiculares a la superficie de la antena y siempre emparejadas con las rectas sensilas chaéticas… En el ápice de la antena existen varios pares de sensilas semejantes a las chaéticas, pero más pequeñas, curvadas y gruesas en su base, y, al menos en Tapinoma nigerrimum, aparentemente no emparejadas con sensilas basicónicas. Las he denominado sensilas chaéticas apicales, y podrían ser las causantes del brevísimo anclaje de las antenas durante las rápidas carreras en los senderos. Además de su posible función en la locomoción, dichas sensilas deben contribuir a proteger el extremo de la antena en los continuos contactos con el sustrato.


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